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Seychelles

El Vallée de Mai, en Seychelles, es uno de los dos únicos lugares del Planeta en los que se puede contemplar el coco de mar en su hábitat originario.

Estas semillas superlativas tan extrañas —que fueron veneradas por los antiguos navegantes—pueden llegar a pesar hasta 30 kilos. El Vallée de Mai, que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es también hogar de otras seis palmeras endémicas del archipiélago.

El Vallée de Mai no es la única visita imprescindible en Seychelles. Éstos son otros rincones mágicos en las islas:

1. Victoria, la capital

Mahé es la isla más poblada de Seychelles y Victoria, su centro administrativo y comercial, está entre las capitales más pequeñas del mundo. Para tomar el pulso al día a día de los seychellianos conviene acercarse hasta Market Street, donde se encuentra el Mercado Sir Selwyn Selwyn-Clarke.

Como en todos los mercados del mundo, a éste es preferible venir a primera hora de la mañana, cuando las señoras ataviadas con sus pintorescos sombreros de paja negocian el precio de los pescados que aun se mueven en los mostradores.

Además de frutas tropicales, hortalizas y otros productos frescos, en Sir Selwyn Selwyn —que por cierto se construyó en 1840— se venden las especias más usadas en la cocina criolla, tales como los chiles, la canela o el jengibre.

No hay que andar mucho desde el mercado para llegar a la vecina Catedral de la Inmaculada Concepción, de 1851, uno de los primeros lugares de culto católico que se construyó en las islas.

A pesar del escueto tamaño de Victoria, y una población que apenas alcanza los 25.000 vecinos, en la localidad también se levantan una iglesia anglicana, una mezquita y un templo hindú.

2. Fondos marinos

Las Seychelles son una de las mecas mundiales para el buceo ya que en sus aguas habitan más de 900 especies de peces, 100 tipos de moluscos y hasta 50 variedades de coral, además de otros animales residentes como los delfines o las tortugas marinas.

De hecho, el primer lugar del país inscrito en el Patrimonio Mundial de la UNESCO fue en 1982 el atolón de Aldabra y su inigualable barrera de coral.

Los fondos marinos más aclamados cerca de Mahé son los de Ilot, bendecidos con la mayor densidad de peces del archipiélago y muy popular para las inmersiones nocturnas; Brissare Rocks con abundante presencia de coral; y Shark Bank que como su nombre indica es hogar de numerosos tiburones de arrecife y lugar de paso —entre febrero y noviembre— de los colosales tiburones-ballena.

3. Praslin y La Digue, el edén

Praslin, la segunda mayor isla de Seychelles y su vecina La Digue, son, seguramente, las dos seychellianas que han protagonizado más portadas de revistas y catálogos de viajes.

En la primera se encuentra el muy exuberante Vallée de Mai —hogar del emblemático coco de mar— pero además de su insólita vegetación Praslin destaca sobretodo por sus brillantes playas salpicadas de formaciones graníticas.

En ella se concentran algunos de los arenales más célebres del mundo, como Anse Lazio, Anse Georgette, Anse Boudin, Anse Volbert, Anse Consolation o Anse Marie-Louise, entre otros.

Muy cerca de Praslin, la isla de La Digue presume de otros lugares de fotogenia incontestable como Anse Source d’Argent, donde de nuevo encontramos arenas de un blanco radiante, boulders de granito y aguas color turquesa abrazadas por una densa vegetación tropical.

Además de playas y selvas, La Digue tiene un atractivo añadido: por ella no circulan vehículos a motor. Sus 2.500 habitantes se desplazan en bicicleta o en carros tirados por bueyes, elementos que añaden más autenticidad, si cabe, a un rincón del mapa que hasta hace pocos años vivía al margen del turismo.

4. Tortugas Gigantes

Las tortugas gigantes de Aldabra son, junto con los cocos de mar, uno de los símbolos indiscutibles de las Seychelles.

Aldabra es un atolón protegido por la UNESCO en el que habitan unas 110.000 Aldabrachelys gigantea, animales magníficosque pueden alcanzar una altura de 120 centímetros y unos 250 kilos de peso.

5. Alojamiento: Fregate Island

Es una isla privada, es un santuario de conservación y es uno de los hoteles de Seychelles que mejor ha sabido armonizar el lujo, la sofisticación y el confort con el respeto medioambiental.

Todo en Fregate Island nos tiene enamorados, en especial sus villas privadas con piscina y también la opción de poder organizar una cena íntima en cualquier lugar de la isla que deseemos: en la copa de un árbol, en una plantación, en una playa virgen…

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